Le petit sharpei. Troisième wink
22 Junio 2009
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No hace tanto tiempo, ni en un lugar tan lejano, los grandes y alegres ojos de un pequeño sharpei exploraban con curiosidad todo lo que a su alrededor pasaba. Sus enormes patitas hacían cosquillas, mientras paseaba con sus calcetines, por la superficie de su amiga, la señora luna.
Todo el mundo sabe que sobre los cometas, su amigo Peter, el perro salchicha vaquero, iba de un lado al otro de la galaxia sin alejarse mucho de su arrugado compañero y que éste, le saludaba efusivamente con su única patita blanca.
Al petit sharpei le encantaba jugar con el polvo de estrellas que cubría el suelo de su amiga luna. Le divertía ver como flotaba en el aire e intentaba soplar para mantenerlo así horas y horas, aunque en ocasiones le entraba en la nariz y le hacía estornudar. La señora luna y Peter se reían mucho al ver la nube de polvo de estrellas que se levantaba.
Es por todos los habitantes del espacio conocido que durante el atardecer, los últimos rayos del sol, proyectan una increíble amalgama de colores cuando atraviesan juguetones los miles de cristalitos que forman el polvo de estrellas. Todo se inundaba de color y durante unos segundos, la superficie de la señora luna cambiaba completamente.
Recuerdo que en uno de esos ocasos, el pequeño cachorro comentó:
- Me encanta el baño de colores, ojalá durase más tiempo.
- ¿Y cuánto te gustaría que durase? – contestó su amiga.
- Pues…tres nubes por ejemplo… o cinco… no, no…¡mejor siete nubes!
- 7 nubes… ¿Te gusta mucho ese momento verdad? – preguntó sonriente la señora luna.
- Es un momento mágico, todo es diferente, todo es…más bonito.
- Te gustaría que mi piel dejase su blanquecino color habitual y se bañase en el colorido provocado por el polvo de estrellas…¿Para siempre?
El arrugado cachorro se quedó pensando unos segundos, dio unas vueltas hasta que se quedó mirando cómo a lo lejos el gran océano iba descubriendo la luz de la luna. Entonces sonrió y mientras una nueva arruga le desaparecía comentó:
- ¿Sabes? Me gusta que seas blanca. Te quiero porque eres blanca, pero también porque tienes esos momentos mágicos de colores. Pero si siempre tuvieses ese baño de color…¿Dónde se iría el blanco?
La señora luna sonrió y se agitó para que por una vez, fuese el polvo de estrellas el que hiciera cosquillas al petit sharpei.
Y así fue, no hace tanto tiempo, ni en un lugar tan lejano, y así siguen. Él, jugueteando con los famosos cristalitos estelares, disfrutando del efímero y mágico momento provocado por los últimos rayos del sol, y compartiendo, si prestas atención en los más dorados atardeceres, la grandeza de los instantes de color. Rubén Turienzo
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1.
kat | 22 Junio 2009 at 2:36 pm
2.
rubenturienzo | 22 Junio 2009 at 3:35 pm
Gracias por esa sonrisa Kat