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El club de los poetas muertos

Extraído de mi libro “Dirige de cine”

Lo que cuenta

Comienza la segunda mitad del siglo XX y los alumnos de la Academia Welton, vivirán la maravillosa experiencia de aprender de su nuevo profesor de literatura inglesa, Jhon Keating, el arte de la pasión en la escritura y la lectura. Aunque los padres y la propia institución no están de acuerdo con la vieja tradición que Keating a rescatado, El club de los poetas muertos, los alumnos lucharán por ampliar sus pasiones y realzar sus conocimientos, demostrando así que pueden dar vida a todo lo que han soñado, y de esta forma creer que la literatura va más allá de un escrito.

Una estética muy cuidada y una gran interpretación bordan sin duda una interesante historia sobre la confianza y el respeto.

Lo que veo

Sin duda alguna, esta es una de las mejores películas de coaching jamás realizadas. Y no porque su representación sea más real o porque interprete caracteres propios de una sesión formal, sino porque la figura del profesor Keating simboliza el espíritu del coaching en su grado más puro. El coach debe ser generoso y desarrollar la sensibilidad del coachee o cliente. Con ello se consigue una nueva forma de ver el mundo, una nueva perspectiva de los problemas (en la película se representa de forma gráfica con los alumnos subiéndose a las mesas) y se consiguen soluciones a posibles contratiempos que antes eran aparentemente insalvables. Un coach nunca debe cejar en su empeño sino que está obligado a lograr que la persona que vive el proceso lo haga suyo, evolucionando no sólo en su plano conductual, sino también en el emocional.

La inteligencia emocional es algo bastante susceptible de ser desarrollado y mejorado. Hay personas que tienen muy poco desarrolladas las competencias de la inteligencia emocional, son poco empáticas, no tienen ninguna automotivación, todo les tiene que venir de afuera. Son personas con escaso autocontrol, tendentes a la negatividad y al pesimismo. Cuando alguien es así no resulta fácil cambiar y cuando una organización ejecuta este rol es porque está compuesta por una mayoría de individuos así o que se han transformado en eso porque la propia organización tiene una energía negativa. Y eso es difícil de cambiar.

Si se quiere cambiar, entonces, hay que alterar el código genético de las personas y de las organizaciones. Es decir, hay que establecer un nuevo estado. En las personas esto se puede hacer con herramientas de cambio: programación neurolingüística, tratamientos cognitivos o cualquier tratamiento de apoyo en el desarrollo emocional. Y así puedes convertir a una persona con poca emocionalidad en una persona con más capacidad sensitiva. Porque la inteligencia emocional es dinámica: si uno quiere puede mejorar.

Con respecto a las organizaciones pasa lo mismo. Es decir, si tenemos una organización con escasa motivación, con poca empatía, con muy poca energía positiva, entonces hay que hacer un proceso de cambio. Y éste tiene que ir acompañado de un liderazgo inspirador y resonante, que tenga una serie de acciones de capacitación, de formación, de transformación de la cultura organizativa, de volver a insuflar energía a los equipos y a los departamentos.

Cada individuo es responsable de su propio desarrollo, sin duda alguna, pero la labor de un buen proceso de coaching es despertar a las personas al conocimiento de su inteligencia emocional y ayudarles a creer en sí mismos y en la mejora que experimentarán. Un perfecccionamiento en su inteligencia emocional les volverá más eficientes y válidos para sí mismos y para la labor que estén desempeñando. Las herramientas son ilimitadas y el coach debe saber utilizar en cada momento y con cada coachee los ejercicios que mejor le vayan a su personalidad para conseguir con ello convertirse en el mejor catalizador.

Momento especial

El profesor Keating manda como tarea la creación de un poema para que luego sea leído ante el resto de la clase. Tras varios compañeros, le toca el turno al joven Todd Andersson, que explica que no ha sido capaz de escribir ninguno. John Keating le saca a la pizarra y le pide que se fije en la foto de un gran literato y le dice «Dime lo primero que se te ocurra de él, no lo pienses, sólo sácalo». En ese momento se vive un momento de improvisación y explosión creativa en el que toda la clase toma conciencia de que realmente todos llevamos poesía en el interior y con la motivación apropiada la podemos sacar a flote.

En la vida cotidiana la improvisación resulta una habilidad prodigiosa y salvadora. En la vida extraordinaria del espacio creativo, la improvisación puede ser considerada como un instrumento de exploración, como una herramienta de expansión de las posibilidades. Asimismo, la improvisación en coaching no sólo es un elemento que puede incluirse o no en el proceso, sino que funciona como estructura autónoma, es decir, es un proceso en sí mismo. A partir de esta premisa, la investigación abierta en torno a los usos de la improvisación en los procesos de coaching y psicológicos ha sido, hasta hace poco, una investigación sin fin. Al improvisar los elementos (gesto, sonido, palabra) necesitan adquirir un movimiento que, al menos, exige ser auténtico y, por lo tanto, espontáneo.¿No hay en esto un deseo irracional de armonizar fragmentos francamente disociados y caóticos? Crear un orden y encontrar un gesto verdadero, he aquí una especie de peregrinaje. Esto supone una vía para acometer problemas o soluciones en coaching que quizá de otra manera haría más complicado acceder a ellos. Pero tengamos en cuenta que al improvisar quizá estemos generando más un deseo o una solución ocultos que una ruptura de su propia forma de ser o actuar.

Todo un personaje

En este caso, me tomaré la licencia de no fijar nuestra atención en un personaje físico. Observaremos una expresión: Carpe diem. Esta máxima latina se convierte por sí sola en un personaje más de la película. Es como si, refugiados tras esas palabras, los alumnos cobrasen fuerza para desarrollar lo que se propongan.

Es importante que todos tengamos algo a lo que recurrir para hacernos fuertes, un recuerdo, un deseo, una canción… no hay nada establecido. Cada persona tiene los suyos pero cuando un grupo de personas asimila el mismo potenciador, les puede convertir en el equipo más eficaz del mundo.

Muchos entrenadores se preguntan la fórmula secreta que haga que sus deportistas dejen de competir por separado y se transformen en un equipo sólido y efectivo. Suelen fijar una meta u objetivo común pero olvidan algo importante, la otra incógnita de esa ecuación. Deben luchar con un mismo potenciador. Esa es la única forma de tomar conciencia de pertenencia a un grupo. Carpe diem lo consigue con estos alumnos. Descubre el potenciador de tu grupo y conviérteles en un gran equipo.

La anécdota

Era la primera hora de un viernes de invierno, con lo que acepto que los alumnos del centro donde impartía unas sesiones sobre coaching organizacional estuvieran un poco despistados. Sin embargo, mis primeras palabras fueron: «¡Buenos días, súbanse a las mesas!». Algunos comentaron que si como en la película de El club de los poetas muertos. Yo asentí y volví a pedirles «Súbanse a las mesas, por favor». Es curioso ver cómo algunos lo hicieron al instante, otros tardaron un poco en reaccionar, hubo quien sólo se decidió al observar que el resto lo estaba haciendo e, incluso, algún alumno, los menos, ni siquiera hicieron el intento. «No es cuestión de juzgar, sino de experimentar», les comenté.

Este simple acto nos dio pie a tener un pequeño debate sobre la perspectiva, las órdenes y la responsabilidad de las acciones. Todos tomamos decisiones a cada momento y es importante tomar conciencia de ello.

Hoja de trabajo

Este ejercicio puede hacerse tanto en exterior como en interior. Desaloja las mesas y sillas que haya en el centro de la habitación, dejando un espacio libre lo bastante amplio como para que todos los alumnos/compañeros puedan caminar sin demasiadas complicaciones. Pide a uno que vaya caminando con un paso marcial. Cuando éste haya dado una vuelta, pide a otro que se incorpore al mismo paso y así consecutivamente. Cuando todos estén haciéndolo bien, pueden parar.

La segunda parte consistiría en hablar sobre las sensaciones que han tenido siguiendo esos pasos y esas órdenes. Para terminar el ejercicio, pide que se pongan a caminar como el cuerpo se lo pida. Observa cómo cada persona tiene una forma de expresarse. Comentarlo e incluir en el debate términos como la velocidad de trabajo, las distintas formas de ejecutarlo, etc.

Esta dinámica sirve para encauzar sentimientos positivos de elección y desarrollo. También para hacer equipo y motivarles. Es un ejercicio que invita a la reflexión.

19 octubre 2008 at 10:01 pm 10 comentarios


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