La estrategia del arco iris

22 enero 2009 at 6:04 pm 6 comentarios

Antes del fin de semana me gustaría recuperar una vez más la unión de un concepto de nuestros días, el arte y una reivindicación social. Me apasiona poder unir conceptos y desarrollar ensayos que de una manera sencilla e ingeniosa sirvan para aportar información, denuncia y además, exponer y marcar mi propia opinión. 

Esta vez le ha tocado a la denostada publicidad. Teniendo en cuenta que soy un auténtico fan de la publicidad bien hecha y que la estrategia personal se basa en los conceptos del buen márketing. Me gustaría compartir con todos y todas el siguiente ensayo que he terminado de escribir hace unos días:

Vendiendo el arco iris

La publicidad habitualmente nos ofrece falsas alternativas para cambiar nuestra vida, para desear objetos que no necesitamos y para proyectar por comparación las carencias que nuestro alrededor tiene.

La publicidad en ocasiones intenta desviar la mirada respecto a los conflictos y dibujar parajes y escenas ideales y bucólicas.

La publicidad ofrece una máscara a los problemas reales.

La publicidad ejerce y proyecta unas promesas de poder y satisfacción para producir un posterior desengaño al descubrir que sólo existe dicha oferta si estás dispuesto a pagar por ella.

Nunca imaginé que un día me convertiría en un icono publicitario, en una fórmula de venta de unos ideales, de una reivindicación por una mayor justicia, de una lucha por la igualdad y el respeto. Pero así fue. Todo comenzó hace casi treinta años.

Treinta años que casi han conseguido borrar aquel maravilloso cuadro de Caspar David Friedrich titulado Paisaje de montaña con arcoiris en el que me erguía poderoso y romántico.

Treinta años en los que han puesto precio a mis colores, a mi amalgama de sentidos y a los sueños románticos, leyendas poéticas y maravillas sobre duendes y calderos repletos de monedas de oro.

Al final del arco iris hoy no encontrarías este caldero de oro, sino algo con muchísimo más valor. Encontrarías igualdad, respeto y tolerancia.

Hace treinta años que la publicidad entró en mi vida para cambiar aquellas ideas preestablecidas. Hace treinta años que comenzó todo. Hace treinta años de Stonewall.

En la madrugada del sábado 28 de junio de 1969,  Ocho agentes de policía, siete de ellos de paisano, volvían a entrar en Stonewall Inn, un local de ambiente gay del village neoyorquino, con una orden de registro para investigar la venta ilegal de alcohol. 

La policía comenzó a interrogar a los clientes, solicitando su identificación. Muchos fueron escoltados hasta la calle, y algunos fueron incluso arrestados. La multitud en el exterior del bar comenzó a enfurecerse. 

Los abucheos a la policía se multiplicaron cuando los propietarios del bar fueron introducidos en la furgoneta policial. La chispa que transformó los abucheos en violencia fue un empujón hacia la misma furgoneta, propinado por un agente contra un joven travestido de 17 años. Éste respondió con un puñetazo, algo sorprendente pues la actitud de los detenidos homosexuales solía ser muy sumisa. La policía se abalanzó violentamente sobre el joven y comenzó con sus abusos habituales… pero esa noche todo era distinto y la multitud intervino. 

En pocos segundos la situación se volvió completamente caótica.  Los agentes recibían constantes golpes de botellas y piedras arrojadas por los ciudadanos, que incluso usaron un parquímetro como ariete.

Pese a la brutalidad policial, que reducía mediante porras a los rebeldes, los ataques de la multitud fueron implacables. Ésta creció rápidamente mientras la noticia del alzamiento se extendía por la ciudad. Los dueños y clientela de otros bares de la zona acudieron a los disturbios, y la policía se vio superada. 

El ambiente de Stonewall, que durante años se había parecido al Triunfo de Baco de Diego Velázquez, que parecía que se iba a transformar en el fusilamiento del dos de Mayo de Goya, finalmente se había convertido, en apenas unos minutos y gracias a la rebeldía y osadía de un grupo de ciudadanos, en la Batalla de Aniello Falcone.

Hace treinta años no era el primer abuso de las autoridades hacia los usuarios de ambientes gay, pero fue la noche más representativa por su significado. No fue la más significativa por los enfrentamientos, ya que a lo largo de la segunda mitad de este siglo ya había habido varias sociedades pro-homosexuales en Estados Unidos que participaban en manifestaciones reclamando igualdad de derechos o la despenalización de la homosexualidad. Es el hecho más representativo porque a partir de ese momento se produce un cambio radical en la mentalidad de la sociedad gay. 

Hace treinta años que comienzan a desear ser visibles. Comienzan a utilizar la publicidad como ariete y mi imagen, el arco iris, como bandera.

Desde ese momento, abandonaron la actitud tradicional de pasar desapercibidos que tan pocos resultados les había dado y emprendieron una nueva acción: Si todo lo que quiere ser aceptado y “comprado” debe ser publicitado, había llegado el momento de utilizar las herramientas de la comunicación publicitaria para “vender” su pensamiento, su opción sexual, su libertad.

Comprendieron que la publicidad que utilizaba sus artes para convertir las vidas de los consumidores en deseables y satisfactorias, así como envidiadas y orgullosas, generaría una reacción en la sociedad que dejaría de demonizar sus vidas. 

Había llegado el momento de dar luz a un mundo sombrío, lúgubre y clandestino. Se necesitaba un símbolo del que todas las personas estuvieran orgullosas. Un símbolo propio que no dañara a nadie externo y que acercara con sentimientos positivos una filosofía distinta a la tradicional. 

Esa decisión fue el primer paso para que cediera mis colores. Ese fue el momento en el que el arco iris se convirtió en el símbolo publicitario de un movimiento, de una ilusión, de una lucha. 

Cada color para un sentimiento, para una idea que golpeara las puertas del conservadurismo ideológico y agrietara los cimientos de una sociedad retrógrada e hipócrita.

El color rojo como símbolo de la vida y la energía para demostrar que el colectivo está presente y vivaz, como vida representaba El nacimiento de Venus de Boticelli. 

El naranja representa la curación física y emocional, para aquellas almas heridas por la sociedad, como Strozzi reflejó en La curación de Tobías.

El amarillo proyecta la luz del sol con la que abandonar un mundo de sombras, así como el Bosco iluminó su Jardín del Edén sacando a flote todos sus colores y matices.

El verde, color de la naturaleza, niega todo ideario que intente apartar las elecciones sexuales por ir contra natura. Un símbolo del cuerpo humano y de su integración con el todo que los rodea. Una naturaleza digna de los estudios del Códice del gran Leonardo da Vinci.

El color azul golpea para demostrar la serenidad con la que siempre se ha intentado vivir en tranquilidad, como serenidad transmite la mirada del Autorretrato de Durero.

Y el morado como exponente de la riqueza espiritual de las personas capaces de enarbolar los colores que con los años, han cogido el sobrenombre de la bandera de la libertad. Una libertad magistralmente interpretada en la tan repetida imagen de la paloma de Pablo Picasso.

Unos colores que se convirtieron en dedos de un mismo puño para golpear, al igual que lo hace la publicidad, las mentalidades estáticas. 

La publicidad, que habitualmente nos ofrece falsas alternativas para cambiar nuestra vida, para desear objetos que no necesitamos y para proyectar por comparación las carencias que nuestro alrededor tenía, se había convertido en un gran aliado de la tolerancia, del respeto y de la libertad.

La publicidad, que en ocasiones intenta desviar la mirada respecto a los conflictos y dibujar parajes y escenas ideales y bucólicas, había decidido reflejar una necesidad que enriquecería a todas las personas.

La publicidad, que tan denostada ha estado durante décadas por ofrecer una máscara a los problemas reales, había destrozado el velo que tapaba los ojos de la ciudadanía para poder ver una realidad absoluta.

La publicidad, que habitualmente ejerce y proyecta unas promesas de poder y satisfacción para producir un posterior desengaño al descubrir que sólo existe dicha oferta si estás dispuesta a pagar por ella, había generado una verdadera sensación de poder en cada individuo que por su corazón reflejaba la bandera multicolor, la bandera de la libertad.

Desde hace casi treinta años la publicidad se transforma en aliado con sus alternativas para cambiar nuestras vidas, refleja una necesidad para enriquecer al mundo, abre los ojos a la sociedad para vislumbrar la grandeza de la pluralidad y nos otorga una promesa que sólo depende de nuestro esfuerzo y no de nuestro dinero para convertirnos en personas poderosas.  

Hace casi treinta años que yo me convertí en publicidad. Orgulloso de ofrecer mis colores cada año como símbolo de todo lo anterior, mientras en las calles de todo el mundo se lucha por la libertad, la tolerancia y el respeto rememorando los incidentes de Stonewall. Cada 28 de junio yo soy publicidad, yo represento la libertad.

Me siento orgulloso de demostrar que la publicidad sirve para mucho más de lo que algunas personas intentan demostrar y que gracias a ella se pueden alcanzar grandes metas sociales y de beneficio para todos y todas.

Sólo hay una cosa que nunca he contado y que hoy, quiero compartir contigo. El motivo por el que me eligieron a mi cómo símbolo. No fue por mis colores, ni por mi grandiosidad. Ni por las leyendas ni por el caldero.

Me eligieron a mi porque la noche de los incidentes, los clientes de Stonewall recordaban a la entonces recientemente fallecida Judy Garland, mientras cantaban Over the rainbow, banda sonora de la genial película de Victor Fleming, el Mago de Oz, cuando la brutal entrada de la policía comenzó los disturbios.

Me eligieron a mi para que esa canción no vuelva a interrumpirse nunca, para que los colores del arco iris proyecten luz y diversidad sobre un mundo necesitado de tolerancia, respeto y libertad. 

Espero que os haya invitado a la reflexión. Como siempre, esta es mi opinión y no quiero sentar cátedra, simplemente ofrecer un poco de luz desde otra perspectiva, una perspectiva que te deje ver el arcoiris.

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6 comentarios Add your own

  • 1. Pau  |  23 enero 2009 en 11:02 am

    Viva el arco iris, y cada uno de sus colores. En todo su esplendor, con todos los matices. A pesar de todo, la intolerancia, el abuso, la represión, … el arco iris sigue saliendo.
    Gracias por la invitación y por tu reflexión.

  • 2. rubenturienzo  |  23 enero 2009 en 11:18 am

    Gracias Pau por dedicarle tu tiempo. Como bien dices, el arco iris sigue saliendo. Esperemos que siga derribando la intolerancia, el abuso y la represión con ello.

    Un abrazo

  • 3. Paco Carrascal  |  24 enero 2009 en 2:04 pm

    parece que por primera vez, en esta barroca y conservadora ciudad en la que vivo, Sevilla, se va a celebrar el dia del orgullo gay, por fin, a ver si algo empieza a cambiar en mi tierra………

  • 4. rubenturienzo  |  24 enero 2009 en 7:22 pm

    Gracias Paco, recuerda que el cambio lo hacemos entre todos y todas.

    Estoy seguro que tú ya has puesto tu granito de arena 🙂

  • 5. Oskitarrr!!  |  25 enero 2009 en 2:31 am

    Ruben, mu bueno el articulo, eres un genio para k la reflexión se apodere de uno ehh.

    Sige asi k eres un campeon!

    1abrazo!! =)

  • 6. rubenturienzo  |  25 enero 2009 en 1:12 pm

    Gracias Oscar,

    Estoy convencido de que tendremos mucho tiempo por delante para disfrutar mutuamente 🙂

    Un enorme saludo

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