A toda vela

18 junio 2009 at 1:04 am 5 comentarios

Prácticamente está llegando a puerto el nuevo libro que publicaré junto al gran profesional y buen amigo Pau Sala con LID Editorial.

Un libro que seguramente servirá para que muchas personas encuentren las herramientas necesarias para motivar, potenciar y activar a esas personas que parece que han perdido la ilusión por el trabajo. Un libro que servirá para impulsar a que se actúe de forma correcta y que aquellos trabajadores y trabajadoras que se autolimitan, descubran un nuevo rumbo.

El libro estará escrito con dos grandes partes fundamentales, para lograr un mayor uso y practicidad. Por un lado, tendremos una historia novelada sobre activación de equipos, coaching positivo y desarrollo de talentos. Una de esas historias que al igual que en “Los tacones de Oz”, suele reflejar las herramientas pero invitando a la reflexión y al autodescubrimiento. 

La segunda parte es un dossier de trabajo. Una serie de explicaciones técnicas de todo lo tratado y trabajado, junto con dinámicas y ejercicios prácticos para que el libro se convierta en un perfecto manual de trabajo. De fácil comprensión y lectura, esta nueva aventura se convertirá aproximadamente en Septiembre, en una fabulosa herramienta.

Me siento feliz por el gran trabajo realizado y por la complicidad que Pau me genera. Sin duda ha sido un gran trabajo. También me siento agradecido por el apoyo que la editorial LID y todo su equipo han mostrado con ilusión desde el principio. Y aunque aun quedan algunos cabos por atar… Ya puedo decir que esto marcha ¡A toda vela!

CAPÍTULO UNO. El Astillero

  O de porqué fomentar el optimismo.


“El optimista tiene siempre un proyecto; el pesimista, una excusa.”

Anónimo

 Me llamo Markus Mark. Un nombre curioso, lo sé. Nací hace treinta y pocos años en la ciudad más bonita de Europa. Mi ocupación principal consiste en vivir la vida a mi manera y disfrutar de la gente que me hace feliz. Algo que resulta bastante más fácil de escribir, que el hecho en si de llevarlo a cabo.

 ¿Por qué nos empeñamos en hacer la vida tan difícil?

 Me gano la vida asesorando a empresas sobre cómo optimizar sus recursos y gestionar mejor su potencial humano. Un área denominada, gestión del talento.

Explicar cómo he llegado a trabajar en este sector o incorporar datos sobre mi experiencia pasada sería muy aburrido y tengo mucho que contar. Lo resumiré en algo simple. Un día se plantó ante mí la posibilidad de trabajar en algo que me hiciese llegar feliz a casa por las noches y además si con eso podía ayudar a otras personas a vivir mejor, la decisión estaba clara ¿no?

 Siempre me he tomado la existencia con sentido del humor. Mi vida personal parece un guión de cualquier late night show. He vivido anécdotas con las se podrían escribir cientos de monólogos del club de la comedia y es que, cuando siempre ves la vida de manera positiva, es lo que suele suceder. Te expones a vivir situaciones mucho más agradables y divertidas.

 Laboralmente, intento seguir siempre con el mismo planteamiento. Horarios interminables, reuniones eternas y largos informes que redactar, han convertido a la oficina en el lugar en el que pasamos más tiempo de nuestra vida. ¿No sería mejor si decidiésemos disfrutar un poco más y tomarnos las cosas con sentido del humor?

 El humor es un potente catalizador capaz de crear ambientes mas relajados y favorecedores para la solución de problemas y el establecimiento de unas relaciones más fluidas.

 El sentido del humor hace de polea y nos ayuda a soportar la excesiva carga de trabajo, nos protege contra el estrés, es una excelente medicina y una extraordinaria terapia. Contribuye a reducir la tensión, ansiedad, y por supuesto, la depresión.

 No debemos asociar, tener sentido del humor con ser el graciosillo de turno. Ir contando chistes a todas horas o imitando a nuestro cómico favorito por los despachos sólo reflejará que no tenemos otra cosa mejor que hacer. Y créanme, a sus respectivos jefes eso no les hará ni pizca de gracia.

 Es más bien una actitud positiva ante las cosas. Una forma diferente de examinar la realidad que nos rodea. Ver las dificultades desde otra perspectiva que nos ayude a descubrir soluciones más creativas.

 Por lo tanto, como podemos comprobar, todo son ventajas. Y lo mejor de todo. El humor es gratis. No supone ningún coste para la empresa y sí muchos beneficios. Así que aunque sólo sea por incentivar la rentabilidad…

 Sin embargo, y pese a que creo en todo lo anteriormente citado cual estigma de sangre, no puedo, si no sorprenderme al sacar la cabeza desde mi camarote. Y no es por la pinta que llevo vestido de marinerito, ni por que este barco se mueva más que un saco de pulgas, si no porque ¿Dónde encontrará mi jefe la gracia de ponerme a capitanear en la regata anual el barco corporativo de la empresa?

 Todo empezó hace un mes. El consejo anual se reunía para realizar un análisis y reporte global de las nuevas líneas de gestión y desarrollo de personal que se implementarían en el próximo ejercicio. La empresa, como otras tantas en el sector, se estaba quedando anclada en el pasado. Desfasada en su liderazgo, los altos ejecutivos nos habían animado a los jóvenes directivos a presentar un listado de nuevas opciones que consiguiesen crear en el trabajador un mayor compromiso para con la empresa y así aumentar la eficacia y rentabilidad de en sus cuentas de resultados.

 Tras investigar mucho en las nuevas herramientas que la globalización pone a nuestra disposición, se me ocurrió plantear al consejo mi apuesta de gestión para el siguiente ejercicio. La nueva fórmula se basaba en el positivismo, el coaching y las herramientas de desarrollo proactivas. Los ejecutivos y mandos intermedios no sólo trabajarían mejor si no que además el ambiente sería más saludable y eficaz, al ser compromiso de estos generar el cambio y convertirse de ese modo en sus primeros beneficiarios.

 Aun recuerdo como, tras mi exposición, mi jefe levantó la ceja derecha, y mirándome fijamente a los ojos, me dijo “¿Quieres ver algo realmente positivo?” Una cascada de sonrisas malévolas inundó la sala de juntas, mientras, yo comenzaba a ahogarme entre tanto cinismo. Unos segundos más tarde me vi elegido por la mayoría del pleno para ser el nuevo voluntario para capitanear el barco de la empresa en la regata anual.

 Seguía escuchando las risas cuando me dirigía a mi despacho y resonaba en mi cabeza aún la frase lapidaria de mi jefe “No se preocupe, estamos todos en el mismo barco”

 Ahora recuerdo lo inocente que fue por mi parte pensar que ahí terminaría la broma. La siguiente noticia que me tenían preparada era conocer a mi tripulación. Aún me río pensando en lo poco que tardaron en traerme los expedientes laborales de mis ocho acompañantes. Y no porque no se merezciesen esa rapidez, si no porque cada expediente debía pesar entre cuatro y cinco kilos debido a sus informes de conductas, tests psicológicos, quejas varias… A alguien realmente le quemaban mucho estos expedientes en su mesa, y ahora, todos en la mía, iban a salir ardiendo.

 Al parecer la selección de mis compañeros de aventura había sido realizada por las más altas esferas de recursos humanos. Empleados con problemas varios que deberían demostrar su parabién y compromiso con la empresa. Evidentemente nuestro reto se había convertido en el punto de mira de la corporación. Parece que en ocasiones las personas necesitamos que otros nos demuestren sus habilidades mientras nos conformamos en pensar que somos poseedores de la verdad absoluta.

 Decenas de papeles y carpetas ocultaban mi mesa, pero sin ninguna duda, el documento que más me sorprendió por su importancia y significado, reinaba la montaña de información. Una carta membreteada con los colores corporativos de la empresa y firmada por el mismísimo Presidente de la compañía.

 “Estimado Sr. Mark;

 Ha llegado a mis oídos la célebre noticia de su decisión de participar como tripulación de nuestro barco insignia. Es mi deseo que reciba mi más ferviente enhorabuena y querría transmitirle mi apoyo en la que cada vez es una tarea más difícil.

 Como usted muy bien sabe, cada primavera, desde hace más de veinte años se celebra en las aguas de nuestro río local, la emblemática regata empresarial. Una tradición forjada sobre los paradigmas del trabajo en equipo, la solidaridad entre empresas y el juego limpio.

 Decenas de embarcaciones se disputan ese día los honores de convertirse en la primera embarcación que cruza la baliza de meta, la embarcación más grande o más espectacular, la más corporativa… incluso la entrada de las nuevas empresas han creado nuevas distinciones como la más tecnológica o la más respetuosa con el medio ambiente.

 Nuestra empresa ha conseguido gracias a nuestra embarcación los mejores títulos en años anteriores, sin embargo, una racha de malos resultados están haciendo perder el interés y la esperanza en nuestro equipo por esta bella tradición. Esperamos que usted sea capaz de enfrentarse a la adversidad y dar un giro en el rumbo de dichos resultados. Cuenta con mi ayuda para ello.

 En usted cae la responsabilidad de seleccionar a su tripulación. Atletas, ingenieros y estadistas, toda la plantilla de nuestra gran corporación está a su disposición. No dude en elegir a quien usted crea que puede resultar vital para el éxito global.

 Sería maravilloso ver cómo nuestra embarcación cruza la meta en primer lugar, pero creo que en la situación actual, sólo sería justo pedirle que haga un buen papel y deje el nombre de nuestra empresa en las posiciones que siempre se ha merecido y que nunca debió abandonar.

 Tiene treinta días hasta la gran fecha. Como sabe, en ese plazo debe estar todo preparado. Un patrón le ayudará a comprender los elementos básicos de un velero y le ayudará a formar a su equipo en el noble arte de la navegación. El barco le está esperando en el muelle 141 del puerto deportivo. Inspecciónelo y procure todos los detalles para el gran día.

 Sin más y esperando poder agradecerle en persona sus logros, se despide atentamente

 J. R. Maslow

  Presidente

 PD. “Estamos todos en el mismo barco”

 Noté como mi cara esbozaba una sonrisa.

 La carta del Presidente me dejaba claras varias cosas. En primer lugar que la información que le habían pasado al respecto es un poco incompleta o imprecisa. Seguramente comentar que he sido obligado, así como lo de la selección previa de mis acompañantes se les habría pasado, seguramente sin maldad obviamente.

 Lo segundo que me dejaba claro la carta era que la frasecilla del barco está bastante manida. ¡Cuántas veces y cuántas personas son capaces de pronunciar una frase así, aun sabiendo que nunca se acercarían al agua!

 Pero en tercer lugar y como descubrimiento más importante, la carta me demostró que había mucha gente pendiente de nuestra aventura. Muchas personas esperaban realmente que desempásemos un buen papel. Todos esos empleados ajenos a las luchas internas que se libran en la cima directiva y que ven el día de la regata como un día de fiesta en el que proyectan todas sus aspiraciones de éxito y orgullo organizacional. Todas esas personas iban a estar atentas, merecían ser correspondidas.

 Miré los expedientes de los compañeros de aventura que ocupaban mi mesa, miré la carta del Presidente y miré de nuevo cómo mi cara se reflejaba en el cristal de la ventana de mi despacho. Seguía sonriendo. Buena señal.

 Al salir de mi despacho pude comprobar como una nota estaba pegada con celo sobre la puerta. Era de Diana, mi ayudante. Una de las personas más eficientes y resolutivas que conozco. Y pese a que estas son las aptitudes que la han llevado hasta su situación actual, hay algo de ella que me fascina aun más. Le encanta dibujar. Es capaz de sintetizar un pensamiento o una sensación y plasmarla en un dibujo que suele dejar por la oficina. Con ellos ayuda al resto de los compañeros a tomarnos las situaciones más tensas con un poco de humor. Una pieza clave en mi equipo de trabajo.

 Leo su nota y no puedo controlar que se me escape una carcajada.

 Buen trabajo Diana.

Espero que os guste… y ahora quiero compartir una canción que me ha acompañado mucho mientras escribía esta historia…

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Entry filed under: Otras cosas simples.

La esencia púrpura Sin corazas

5 comentarios Add your own

  • 1. Pau  |  18 junio 2009 en 9:34 am

    Esto tiene muy buena pinta 😉
    Lo mejor de este libro como muy bien has apuntado es que es muy práctico y útil, muy cercano al trabajo que realizamos cualquiera de nosotros en el día a día. Siempre sin perder de vista el gran lema “la grandeza de las cosas simples” o ” la sencillez es bella y práctica”.
    Un abrzo compañero, estamos muy cerca del final.

  • 2. María  |  18 junio 2009 en 10:56 am

    Muchos EXITOS!!!!!!!!!, se que será tan bueno como todo lo que he leido hasta ahora.

  • 3. rubenturienzo  |  18 junio 2009 en 6:35 pm

    Gracias Pau, la verdad es que ya siento ese fin de semana que nos vamos a pegar para hacer submarinismo y un paseo en barco de vela jejeje.

    Un fuerte abrazo compañero, esto ya navega solo.

    Gracias María,

    Tu confianza me halaga.

  • 4. Miscelánea  |  18 junio 2009 en 7:34 pm

    Os deseo el mayor de los éxitos.
    Esta semana me he divertido aprendiendo con Popeya Suprem y la semana que viene llegarán Los Tacones de Oz (en Chocobeach hay que pedir tus libros por encargo).
    Aventuras de una Gallina Emprendedora ha significado una dosis doble de optimismo y una reflexión sobre los errores empresariales cometidos en épocas anteriores. Mil gracias a los dos.

    Buena surte y hasta pronto.

  • 5. rubenturienzo  |  18 junio 2009 en 8:10 pm

    Gracias Miscelánea,

    La verdad es que me has dado una grata sorpresa con ese atracón de lectura que te estás pegando. Espero que cada libro que pase por tus manos te vaya dejando alguna enseñanza.

    Menchu agradecerá también tu opinión 🙂

    Respecto a “A toda vela” la verdad es que estoy muy ilusionado porque es una obra que creo necesaria en estos tiempos en los que la gente parece que ha perdido la ilusión por creer en el trabajo y en la empresa.

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