Crónicas veraniegas IV

17 agosto 2009 at 12:00 am Deja un comentario

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Cuanto más lejos de casa, más efusivo el saludo.

En verano puedo poner un poco más de atención a este extraordinario acontecimiento físico y psicológico que se produce cuando dos o más personas se encuentran mientras disfrutan de sus vacaciones. La fórmula es sencilla, cuanto más lejos de mi casa estemos y más cerca vivamos habitualmente, más efusivo será el saludo.

El ser humano es maravilloso. Es capaz de generar situaciones tan absurdas que cualquier selenita lo utiliza para reírse de nosotros mientras nos observan con sus prismáticos gigantes.

¿Cómo puede ser que a alguien que no le saludas en el rellano de tu escalera le invites a tomarse una cerveza si te lo encuentras en Londres? Es como si nada de nuestras relaciones pasadas sirviera o importase. Esa camaradería que se produce en las personas viajeras me desconcierta mucho, porque ¿Acaso no sería normal saludarse en el día a día y tomarse un respiro en vacaciones? Pero incluso haciéndolo como lo hacemos ahora…¿Porqué pasadas una semanas ya volvemos a nuestra actitud antigua con nuestros vecinos y vecinas?

Esto debe cambiar. No podemos seguir actuando así.

A mí me gusta saludar a quien se cruza en mi vida, a mis vecinos, vecinas, compañeros de trabajo, amistades… Y evidentemente la invitación a una cerveza y la efusividad la guardo para quien realmente me importa.

Recuerdo como hace tres años viajé a Nueva Zelanda y allí me encontré con un viejo conocido. Era una persona con la que había mantenido una pequeña disputa dieciocho meses atrás por un tema laboral y ahora, iba en la misma visita que yo. Él iba con su mujer y su hija pequeña y no dudó en hacer aspavientos, gritar mi nombre, presentarme a su familia e incluso invitarme a cenar esa noche. Yo acepté con agrado y pensé que “todo merece una nueva oportunidad”. Sin embargo meses después y tras la frase “aunque hayamos compartido canguro, eso no significa que…” volvía a las andadas.

Es cierto que se puede dar otra situación, que es la de crear a partir de un viaje una excelente relación con quien antes ni siquiera hablabas, pero entonces… ¿Vas a esperar a ver si te encuentras a esa persona en un lugar remoto? Yo creo que sería mejor comenzar desde ya ¿no?

Entiendo la sensación grata de reconocer a alguien, de compartir, de rememorar… pero creo que nuestro límite siempre debe estar en la coherencia y la educación. Si quieres entablar una grata relación, no esperes a estar de viaje.

Seríamos mucho más felices si nos tratásemos como cuando nos vemos en otro lugar, cuanto más lejos de casa, mejor.

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