Honor u honestidad

26 agosto 2009 at 12:00 am Deja un comentario

Desde la antigüedad, ya circulaban innumerables leyendas y anécdotas sobre Esparta y la dureza de su pueblo. Una dureza que gracias a la película y el cómic de Frank Miller, cualquiera recuerda bajo un enorme titular: ¡Esto es Esparta!

Esparta estaba situada en el corazón de Laconia, en el centro de la fértil llanura del rio Eurotas, donde este confluye con su afluente el Taigeto. A lo largo de la orilla derecha del río Eurotas se hallaba la principal vía de acceso a la ciudad. Gracias a la defensa natural que constituían las orillas pantanosas del Eurotas, la ciudad pasó largo tiempo sin murallas , durante los períodos arcaico y clásico, de tal modo que los espartanos se jactaban de que las murallas de Esparta eran los pechos de sus guerreros. Estas no se construyeron hasta principios del S.III a.C.

Estos guerreros atemorizaban gracias a su formación, a sus habilidades, pero inevitablemente, lo hacían gracias a su esencia o marca personal, es decir a la percepción que los demás tenían de que sólo por pertenecer a dicho pueblo, tus características eran insuperables.

Nada más al nacer, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era hermoso y bien formado. En caso contrario se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco. De ser aprobado, le asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra disponibles para los ciudadanos y lo confiaban a su familia para que lo criara, siempre con miras a endurecerlo y prepararlo para su futura vida de soldado.

Los niños vivían con sus padres hasta los siete años, edad a la cual entraban en la “agogé”, el sistema educativo espartano, en el cual permanecían, en condiciones paramilitares, hasta los veinte años.

Éste hacía gran hincapié en liberar a los niños de miedos infantiles, inculcarles un marcado patriotismo y enseñarles a luchar y pelear, a no quejarse y a obedecer ciegamente a sus superiores.

Los niños varones pasaban por una serie de pruebas que tenían como finalidad endurecerlos. Así, se les castigaba físicamente con gran severidad, se les obligaba a pelear y a pasar hambre, permitiéndoles que robaran comida pero siendo castigados si se les descubría (no por el hecho de robar, sino por haber sido sorprendidos).

Potenciaban su ingenio y su instito de supervivencia. Les hacían pasar frío, hambre e incomodidadesy aprendían a hablar poco y directamente.

Entre las anécdotas que se cuentan de este pueblo y de su formación, quiero hoy subrayar una que me parece especialmente interesante:

“Un joven espartano, buscando el alimento que le faltaba encontró un zorro que un ciudadano guardaba en una jaula como muestra de su fiereza. El niño, agarró el zorro vivo y lo guardó bajo su túnica. Cuando llegó a una de las calles contigua notó como el animal le había mordido en la tripa y la herida le estaba haciendo perder mucha sangre. Un pequeño grupo de adultos se le acercaron y le pidieron que les dejase que le curaran, pero éste sabía que si alzaba la túnica ellos se descubrirían que había robado el zorro. Así que el joven, sin dejar que nadie se acercase, sacó su espada y desangrado murió sin que nadie le pudiera ayudar. Antes de perder el honor, prefirió perder la vida.”

Sin duda alguna, hoy en día la evolución de la mayoría de nosotros no se mide por “nuestra fiereza”, aunque algunos se empeñen, pero esta historia nos sirve para recordarnos que todas las personas pueden haber robado un zorro en algún momento, ser deshonestos, faltado a la verdad o simplemente haber realizado un mal acto con posibles daños a terceras personas. Es un ejercicio de honestidad el reconocer dichas acciones. Un ejercicio en el que también se verá claramente los valores que prefieres seguir, las prioridades que marcan tu vida y sobre todo, la sinceridad que emites y bajo la cual se te debe juzgar.

Es comprensible que si una persona necesita comer para subsistir, robe un zorro. Pero lo que nunca es comprensible es que aun cuando ha sido descubierta siga sin levantar la túnica y dejar que sea curada. No se trata de honor, se trata de honestidad.

Debes elegir… Levantar la túnica o morir.

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Entry filed under: Otras cosas simples.

Buenos recuerdos, malas soluciones. Margarita

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