El gran pez I

12 octubre 2009 at 12:00 am 1 comentario

(Introducción que escribí para el libro El Arte de la influencia de LID Editorial)

En primer lugar déjame que te felicite. Enhorabuena. Sé que en las próximas páginas, de una manera simple, cercana y potente vas descubrir una serie de conceptos, que como muy bien explica Marta Romo en su prólogo, como si fuesen mantras, te dotarán de la base necesaria para comprender y poder desarrollar de una manera efectiva el arte de la influencia.

Sin duda, una cosa es cierta, serás mejor cuando te termines este fabuloso relato. Aprenderás que el poder está en tus manos y que nuestras acciones son determinantes en el, nunca lo suficientemente bien elogiado, mundo de la influencia interpersonal.

Situación que me coloca a mi en un delicado escenario, estar a la altura de la profundidad de la historia y de la cercanía de su autor. Espero no defraudar, pero como dijo un amigo una vez: ¿Alguien se lee las introducciones?

Pero si los famosos cuatro fundamentos que el libro te desarrollará tienen una potencia indudable, hay un concepto del que me he vuelto un auténtico seguidor. El concepto de la pesca. No quiero adelantarte nada ni contar parte de la trama del libro, simplemente diré que en las próximas páginas comprenderás por qué si elegimos ser cazadores dispararemos a una presa y el resto huirá, consiguiendo que nuestra influencia disminuya y si por el contrario pescásemos, nuestras piezas serían las que eligiesen acercarse a nosotros. ¿Comprendes qué es la influencia? Pero ahora no es el momento de adelantar nada, si no de situarnos en otro escenario, concretamente en uno anterior, pero antes permíteme que te cuente una historia:

“El joven doctor Lang había escuchado cientos de veces la historia del gran pez del lago Puketoing. Una carpa real que rondaba los cuarenta kilos de peso y el metro veinte de longitud. Sin embargo y aunque muchos pescadores habían visto al “viejo James” que era como llamaban a la asombrosa criatura, ninguno había sido capaz de atraparlo.

Años de intentos frustrados en cientos de profesionales de la pesca, habían conseguido que el carisma de la carpa llegase a un límite, que nadie en los alrededores de Puketoing quisiera atraparlo, dejando tan cuestionables deseos a los foráneos del lugar y a los intrépidos turistas.

– ¡Eso es que se han dado por vencidos! – decía el joven Lang cuando alguien le comentaba el pacto entre pescadores – ¿Quién es su sano juicio no querría capturar una pieza así?

Durante semanas estuvo planeando todo lo necesario para poder disfrutar de unas maravillosas jornadas de pesca. Pudo pedir los días libres necesarios, se liberó de responsabilidades para poder dedicarse por completo a la pesca, buscó la mejor equipación, se informó de la situación del lago, la temperatura del agua, el tipo de cebo, buscó dónde hospedarse cerca del lago, el alquiler de la barca… todo lo necesario. Pero el día antes de partir se dio cuenta de un detalle fundamental, su antigua caña no podría con el peso de tan fornido animal, así que buscó una buena tienda de cañas de pescar y decidido a comprarse una, se dirigió al dependiente:

–       Quería una caña de pescar que me valga para carpas de cuarenta kilos.

El hombre de mediana edad que aguardaba tras el mostrador comenzó a reírse tras la ocurrencia del joven para,  tras unos segundos y una disculpa, replicar:

–       ¿Y piensa usted pescar muchas carpas de cuarenta kilos?

–       ¿Cómo dice? – dijo asombrado Lang – pescaré las que me encuentre.

–       Perdone que le pregunte, ¿qué tipo de pescador es usted?

Realmente el doctor no supo como contestar a eso, ya que la única experiencia que tenía eran los días de pesca con su padre hace años, así que dijo airadamente:

–       Pues un pescador normal, quiero una caña normal, para poder pescar una carpa de cuarenta kilos. He leído todo lo necesario, me he preparado y tengo todas las herramientas apropiadas para pescar una carpa de cuarenta kilos.

–       Querido amigo, no existen los pescadores “normales”, cada pescador necesita un estilo de caña, las hay para personas tranquilas, para metódicos, para personas con excelentes dotes técnicas… No quiero incomodarle, pero si usted quiere pescar una carpa de ese tamaño necesitará que la caña se adapte perfectamente a usted, independientemente de lo que haya usted estudiado.

–       Entiendo que si la caña debe aguantar ese peso, me debo llevar esa caña naranja robusta y gruesa – dijo Lang.

–       Y ahora comprenderá la pregunta anterior, ya que con sus hombros y brazos no creo que pueda aguantar la caña durante horas si fuese necesario, ni siquiera un tirón fuerte.

–       No me subestime, he decidido pescar al gran pez y aguantaré días si es necesario – dijo el joven doctor mientras malhumorado, se alejaba de la tienda con la caña anaranjada bajo el brazo.

Aun podía recordar la sonrisa del dependiente cuando apenas un día después y con todos los aperos necesarios para la jornada, tocaba con sus nuevas botas de pescar el agua del increíble lago Puketoing.

–       Hoy pescaré al viejo James – se dijo. Y tras echar la barcaza al agua, extendió la caña y comenzó a esperar.

Unos metros más allá, pudo ver cómo desde una barca cercana, un intrépido compañero sacaba un hermoso pez dorado, pero Lang se decía, “es bonito, pero no es el viejo James”.

Apenas habían pasado unos minutos, cuando la persona de la barca de al lado volvió a sacar otro pez similar al anterior. La confianza de nuestro amigo comenzaba a mermar, pero volvió a buscar la autocomplacencia con un “no es el viejo James”

Y transcurrían las horas y mientras que su cebo no se inmutaba, el del molesto vecino esporádicamente sacaba una de esas piezas doradas que ya tanto comenzaban a cabrear al joven doctor.

Al finalizar la tarde, sacó la barcaza del agua y coincidió mientras limpiaba la caña con el compañero con suerte de la barca cercana.

–       ¿Ha habido suerte? – preguntó.

–       La suerte me llegará cuando capture al viejo James – contestó Lang.

–       Seguro que es usted un buen pescador – dijo mientras metía en su nevera de transporte al menos nueve piezas de dos kilos cada una – Mañana será otro día.

Y efectivamente así fue, a la mañana siguiente todo comenzó de nuevo.

–       Hoy pescaré al viejo James – se dijo. Y volvió a echar su barcaza al agua mientras veía que a lo lejos ya se encontraba el pescador del día anterior. A lo que Lang pensó “si me acerco lo suficiente, seguramente el viejo James se alimentará de los peces que él saca y eso me acercará a pescarle”

Pero pasadas unas horas, la historia se repetía. Mientras una de las cañas no dejaba de sacar unos fabulosos peces dorados, la robusta y anaranjada caña de Lang permanecía inmóvil e impasible.

El joven doctor, abandonó un poco antes de lo esperado su puesto y mientras limpiaba de nuevo su caña, su compañero se le acercó y le dijo:

–       Toma compañero, que parece que hoy tampoco ha habido suerte – comentó ofreciéndole una excelente pieza.

–       Gracias pero no, he venido a pescar sólo al viejo James y así lo haré.

–       Está bien, lo comprendo, no se preocupe, es usted un buen pescador y mañana será otro día.

Pero esa noche no pudo dormir, Lang repasaba mentalmente lo que había leído en internet, sacaba los apuntes de los libros de pesca y se repetía una y otra vez “si tengo todo lo necesario, mañana no puede fallar nada”.

Algo cansado, pero con una ilusión enorme, a la mañana siguiente echó su barcaza al agua del fantástico lago antes que ningún otro mientras pensaba:

–       Seguro que así consigo llegar antes a mi presa y no le asusta mi competencia. Y mientras se repetía una vez más su determinante frase, se adentró en el lago – Hoy pescaré al viejo James.

Una hora después, vio que se acercaba la barcaza de los días anteriores mientras su ocupante no dejaba de sacar esas ocurrentes piezas. Lang cogió sus remos y se aproximó a ella. Había una pregunta que se había hecho toda la noche y no tenía respuesta.

–       Disculpe, ¿puedo preguntarle algo? – dijo amablemente – Cada tarde al despedirnos usted saca aproximadamente una decena de bellas piezas doradas y yo no consigo atrapar al gran pez que he venido a buscar, sin embargo usted me repite que yo soy un buen pescador.

El viejo pescador le miró sorprendido y le dijo:

–       Bueno, viste como un buen pescador, lleva una equipación de primera calidad, utiliza una caña realmente fantástica y cuando le veo prepararse siempre está comprobando los datos en sus manuales. Si no fuese un buen pescador, ¿por qué iba a utilizar todo este material?

El joven doctor se quedó perplejo mirando su reflejo en las aguas del lago Puketoing y comprendió que por muchas herramientas que hayas obtenido, por muchos conocimientos que creas que tienes, o incluso por mucho que cuides tu apariencia, él había hecho caso omiso a la pregunta esencial ¿Qué tipo de pescador eres?”

Anuncios

Entry filed under: Otras cosas simples.

Hasta los Obamas El gran pez II

1 comentario Add your own

  • 1. Aprende A Pescar  |  20 febrero 2013 en 2:44 am

    MAGNIFICO Post, sigue asi Compañero !!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


La grandeza de las cosas simples

Bienvenido y bienvenida a la grandeza de las cosas simples. Una línea de pensamiento basada en el discurso ilusionante, en la utilización de la creatividad y la diversión como método de desarrollo. Utilizando las poderosas herramientas del marketing personal aplicadas al liderazgo social apostaremos por líderes y personas empáticas, frescas, valientes, originales, optimistas y resolutivas capaces de enfrentarse a las normas establecidas, desarrollar sus capacidades y optimizar las de sus equipos.

Entradas recientes

Categorías

Feeds

Cosas simples del mes

octubre 2009
L M X J V S D
« Sep   Nov »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Mi blog en Technorati


A %d blogueros les gusta esto: